Por Ana
Inoa
Periodista
y estratega de comunicación
Durante
años, frente a la violencia de género, hemos repetido una recomendación que
parece sencilla: denuncia. Pero denunciar, aunque puede ser el primer paso, no
siempre significa que el miedo termine. A veces pasa lo contrario. La mujer
rompe el silencio, identifica a su agresor y entonces empieza a preguntarse qué
pasará cuando salga de la fiscalía. Se pregunta dónde dormirá, quién cuidará a
sus hijos, cómo podrá seguir trabajando o qué hará si el hombre al que acaba de
denunciar decide buscarla.





